25/4/10

Abstinencia:


Las cosas pierden identidad cuando él las toca, cuando él las visita, cuando él existe serca.
Mi subjetividad y mi imaginación habían hecho un pacto diabólico para volverme completamente loca. Necesitaba verlo nuevamente, pero como una droga: por el momento estaba satisfecha, no quería pedir más, no quería tener una sobredosis.
Eso es él: una droga. Necesito, me da. Necesito, no ésta. Qué hago? Necesito. Necesito. Abstinencia: crisis de llanto, electricidad, me muero (duermo). Yo me creo muerta. Y cuando ya estoy dentro del ataúd, él vuelve y me da. Y me calmo y vuelvo a respirar y a vivir.
Me da lo que necesito: un llamado, un mensaje de texto, unas palabras sin sentido o una patada en los testículos, en caso que tuviera un par. Lo qué necesito? Me da lo que quiere darme, saviendo que voy a aceptar cualquier limosna que venga del rey que le hice creer que es. Y entonces desaparece, y lo necesito y no está, y no vuelve. Necesito y la abstinencia de nuevo y la electricidad y me duermo.

...Cuando desaparesco, él me busca. Es un histérico, prepotente, manipulador.
Pero al final me deja. Me dejan todos. Me dejan...

Soy una persona que desechó su pasado, que evita tener un precente y prohíbe cualquier futuro. Tengo que encontrar una causa, una estrategia, un fin.
Tengo que encontrar mi "para qué". Siempre viví para otros.. No merezco vivir por mi, es un desperdicio. Me odio. No me tolero. Chau.

No iba a volver a ser lo mismo, porque estaba decepcionada, el hombre no me quería, no me respetaba y aun así lo necesitaba para existir. La abstinencia me dejaba sin aliento, me ahogaba en una pileta de rosas.
Me enojo con mi cuerpo. Pobre mi cuerpo. Pobre de mi.

Un llamado puede deshacer la felicidad, una sola palabra puede arruinarme la vida. No son metáforas. Me hubiera gustado que alguien le advirtiese estas cosas: " Tené cuidado co lo que le decís, por favor, cuidala". Nadie me cuidó, nadie se hizo cargo de mí, nadie vió a que punto habían llegado mi obsesión y mi locura. Nadie se iva a hacer cargo de la muerte de lo más sagrado en mí: la ilusión, la esperanza, mi imaginación. Nadie sabía cuáles eran mis límites, porque yo me había encargado de hacer de mi vida una mentira. [...]
Nadie sabía que yo, inconciente, dejé mi secreto pudrirse en lo más lejano de la playa marplatense. De un llamado puede depender el destino de una vida o advenimiento de una muerte inexorable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario