Sus maldades son tan sutiles que me resulta casi imposible explicarlas, deletrearlas, exponerlas. [...] Quizá lo conocen, lo hayan visto y hasta hablado con él. Un ser perverso, un estafador de mente. El hombre que amo.
Mi amor atemporal. Por momentos olvido el presente, que es un tipo despreciable y sólo puedo recordar cómo era, cómo me trataba, cómo me quería. Mezclo personalidades, momentos, tiempos. Sin poder distinguir lo que fue y dejó de ser, de lo que no será nunca.
Tengo la gran capacidad de borrar lo malo y recordar los momentos gratos. Así, después de escribir atrosidades acerca de él, puedo llamarlo por teléfono y hablar como si nada, con voz de enamorada y suspiros cariñosos. Sí, es lamentable. Por eso me costó tanto despegarme de él, por eso escribo: no quiero olvidar.
Quizás hasta tenga memoria selectiva: archivo solamente documentos, pensamientos, fotografías, escritos que me hagan recordar los buenos tiempos. [...] No puedo acordarme de las cosas malas, se disuelven en mi cabeza, no las encuentro; se arrinconan empolvadas en algún lugar de mi cerebro. [...]
Me aislo, me alejo y me desdoblo. Sólo así puedo entender que quizá no es tan importante, no es tan trágico o que tal cuestión no merece mi muerte. Sólo cuando me veo desde afuera, y en general cuando logro desdoblarme, ya es demaciado tarde para tomar decisiones. Con seguridad ya las tomé y sin duda erróneamente. Cuando no soy conciente de mi condición, el mundo se deshase por un llamado que no llegó o porque se canceló una salida.
LOS CAMBIOS DE PLANES NO SON ACEPTABLES EN MI VIDA. Si vamos a hacer tal cosa, la hacemos. No hay por qué arrepentirse. De allí cada vez que él me dejaba plantada, mi mente trabaja hasta encontrar respuestas que me hagan infeliz. Casi todas ellas una mujer, una nueva amante, pocas ganas de verme o la decisión definitiva de dejar de quererme. Todas ellas me alarman y siento un dolor tan ondo, tan profundo como una lanza surcada en el estómago. Y me invade una desesperanza que más parece una descarga eléctrica poderosisima, que me deja nublada, ciega, somnolienta, imbécil, destartalada. Sin poder de decisión, inactiva e imperante: necesito dormir, morirme o que me maten. Y si no, sufro otra descarga eléctrica y me quedo dormida al poco tiempo.
Así funciono, por peor que suene. Cómo puedo amar y odiar a una misma persona? Fácil: Él me da lo que quiero o en parte. Me hace creer que me da lo que quiero o me auto convenzo de estar sastisfecha con lo que me da o le mendigo y acepta entregar a modo de limosna. Y por otro lado, a veces, pocas veces, tomo conciencia de la irracionalidad de lo que hago, de la impotecia que encarno, de lo patético de mis actitudes, y comienso a pensar y eso me hace odiarlo.
La electricidad me hace odiarlo y me hace dormir. Generalmente cuando me despierto, no recuerdo por qué lloré tanto y cuando logro saber por qué, aún no lo entiendo. No puedo ponerme en mis propios zapatos. Como si esa noche de sueños rotos me hubiera borrado todo registro de emtía conmigo misma. Al despertar, la pena parece reducuda y hasta minimizada. Nada más que eso. Él no asume culpas, no le culpo de nada, yo vuelvo a ser feliz como unarlequín que alegra la vida de los otros y comienza una vez más todo cuando me doy cuenta de que no es suficiente para mí. que necesito más, que no estoy bien...
Así es como se ama y se odia a alguien hasta límites insospechados.